Solicitando al Poder Ejecutivo declare de Interés Cultural la travesía realizada por los hermanos Adan y Andrés Stoessel, desde Arroyo Corto, partido de Saavedra, Provincia de Buenos Aires, hasta la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de América.

Corresponde al Expediente: F 686 – 2014-2015

PROYECTO DE DECLARACIÓN 

El  H. Senado de la Provincia de Buenos Aires

DECLARA

   Que vería con agrado que el Poder Ejecutivo Provincial, a través de la autoridad correspondiente, gestionara la Declaración de Interés Cultural de la Travesía  realizada por los hermanos Adán y Andrés Stoessel, desde Arroyo Corto, Partido de Saavedra, Provincia de Buenos Aires, hasta la Ciudad de Nueva York, Estados Unidos de América, a bordo de un automóvil Chevrolet, modelo 1928, con el propósito de crear una Ruta Panamericana y teniendo como fin principal, la unión de los Pueblos de América.

FUNDAMENTOS

   En 1868 arribaron a la Argentina Miguel Stoessel –abuelo de Adán y Andrés- y sus hijos Felipe, Miguel y Andrés –este último padre de Adán y Andrés-, desde la zona del Río Bolga, en Rusia, alentados por la Ley de Inmigración, dictada por el Presidente Avellaneda y se asentaron en la Localidad de San Miguel y luego se trasladaron a Arroyo Corto (antes Cascada), siendo propietarios en este último lugar un establecimiento de ramos generales.

La idea de ir a Nueva York, surgió –por casualidad- casi en simultáneo con el propósito del trazado de la Ruta Panamericana, cuyo fin principal era la unión de los Pueblos de América. El anuncio de su construcción fue el puntapié de los hermanos Stoessel para concretar el viaje, sumado al desarrollo del automovilismo, un medio de transporte moderno y eficaz para la travesía. Las campañas de General Motors en la Zona influenciaron aún más a los hermanos, por lo que decidieron realizar su viaje en un vehículo de esta marca.

Las asignaturas en las que se capacitaron los viajantes para ir a Nueva York fueron: el manejo de pala para evitar las encajaduras, el uso de las cadenas a fines de hacer más eficiente la tracción y de cables con incorporación de cinchas para atar el vehículo a caballos o bueyes. Finalmente decidieron que el auto sería un Chevrolet campeón de 1928, influenciados por la familia Faure, mecánicos de la Zona.
El 15 de Abril de 1928 salieron desde la Plaza 9 de Julio de Arroyo Corto, entre autoridades, vecinos, amigos y familiares que querían ser testigos de la histórica partida. La primera etapa fue hasta la cercana Ciudad de Coronel Suárez. En ese lugar frente a la agencia General Motors se les brindó el último adiós. De allí fueron hasta Buenos Aires. Llevaron como equipaje una carpa, ropas y herramientas para el arreglo del automóvil. También llevaron una filmadora importada que registró el testimonio, siendo además pioneros en filmar un documental del automovilismo deportivo y contenido turístico (todo el documental son imágenes de esta travesía tomadas por esa cámara).

Su itinerario primigenio fue: Buenos Aires, Rosario, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy…buscando abrir la huella de la Ruta Panamericana. Cerca de La Quiaca, la altura, los precipicios, el frío y demás riesgos pusieron a prueba al auto en el que viajaban. Llegaron a La Paz –Bolivia- sin mayores inconvenientes, excepto la falta de gasolina, debido al poco uso de los automóviles por esa zona. Tardaron con posterioridad, 4 meses para recorrer la parte andina del lugar. Arribaron a Lima, Perú finalmente para descansar y acondicionar el coche. Para llegar a Colombia debieron atravesar caminos por Ecuador, cuyo origen remontaba a la época de la conquista. La naturaleza hacía más compleja la situación. Al llegar a Bogotá, el 23 de Diciembre, cumplieron con gran parte de la travesía y rompieron toda marca anterior, ya que fueron los primeros en recorrer esa cantidad de kilómetros. A esta altura los ingenieros viales les auguraban poco éxito en la travesía, ya que los caminos que debían afrontar no estaban preparados para autos sino para mulas y los puentes podían soportar un peso mucho menor que el del auto. Con la ayuda del Ejército Colombiano lograron superar este tramo, llegando a la frontera con Venezuela. El Gobierno Colombiano utilizó las huellas de estos dos viajeros para trazar lo que hoy es la ruta de Bogotá con la antes mencionada frontera. Las buenas carreteras de Venezuela les permitieron hacer turismo y gozar de sus paisajes. El 24 de Marzo del año siguiente llegaron a Caracas, haciendo amistad con el Presidente Venezolano, Juan Vicente Gómez, quien adquirió una copia de sus filmaciones.

La revolución que se estaba abriendo paso en la sociedad venezolana de la época, los obligó a viajar de noche por temor a que las fuerzas del gobierno les incautaran su auto. Los extravíos por la falta de indicaciones fueron moneda corriente. Sin embargo, estas situaciones posibilitaron que compartieran más tiempo con las poblaciones indígenas, generando material fílmico que luego fue utilizado por diversos antropólogos en sus investigaciones.

El próximo paso era llegar a Barranquilla y Cartagena, debiendo abrirse camino entre una tupida vegetación y el clima tropical al que no estaban acostumbrados, la cordillera fue un obstáculo muy difícil de sortear, pinchando cubiertas a causa del terreno. Tardaron un mes para cubrir ese espacio, valiéndose de todos los recursos, incluso la propia tracción a sangre de los conductores. Luego de un descomunal esfuerzo, en el que debieron adaptar el auto para que pudiera sumergirse en diversos caudales sin paralizar el motor,  llegaron.

Más adelante en el camino arribaron a Puerto Fluvial, donde debieron embarcar el auto para cruzarlo, documentando especialmente a través de filmaciones la balsa y el río que atraviesa el territorio colombiano. Lo complejo de la travesía debido al clima y a los frecuentes ríos generó que, en Barranquillas tomaran un descanso y reprodujeron su historia en varias salas de “cine”. La llegada a Cartagena de Indias fue excitante para los hermanos, ya que esta Ciudad es mundialmente reconocida por su comercio, su arquitectura similar a la europea –Castillo de Barajas, la Catedral- y las importantes construcciones militares –fuertes y plaza amurallada-.
Desde Colombia partieron a Panamá: aquí el camino tampoco fue sencillo porque avanzaron por una zona en la que casi no había senderos trazados, bordeando el archipiélago de Los Mulatos, a lo largo de San Blas, para llegar al Canal que los llevaría a la ciudad de Panamá. Las montañas, los desfiladeros y el terreno de piedra, más los profundos arroyos volvieron a ser un problema. Todo esto los llevó a tener que hacer otro receso por unos días en Costa Rica, siendo recibidos con honores en los carnavales que se celebraban allí.

En otro trayecto que comprendía desde San Juan del Sur a Granada, se encontraron con uno de los peores caminos a recorrer, teniendo que ser el auto tirado por bueyes a fines de superar el barro, producto de las interminables lluvias del lugar. Desde la Ciudad de Granada, el recorrido fue más cómodo debido a que había caminos y estaban en mejor estado.

Los propósitos de los argentinos coincidían con los del Presidente de Nicaragua: construir vías de comunicación; por ello trabaron amistad con el mismo, quien los invitó a inaugurar juntos dos tramos de la Carretera Panamericana.

El 18 de Mayo de 1930 llegaron a la frontera fiscal, donde fue robada la filmadora y gran parte de la documentación del viaje, empeorando todo al llegar a la frontera de la Unión y México, ya que en un control aduanero fueron detenidos por carecer el automóvil de las chapas identificatorias que les habían proporcionado en la Municipalidad de Saavedra (Argentina). Estuvieron demorados por este inconveniente cerca de ocho días, hasta que les concedieron el permiso para entrar a EE.UU.

En el tramo final fueron acompañados por un ejecutivo de General Motors, quien hizo las veces de intérprete. Pronto la noticia fue difundida por el País, las principales redacciones periodísticas, los círculos deportivos neoyorkinos, como así también el Cónsul argentino, los que los recibieron con gran alegría. El Vicepresidente de EE.UU. se encontró con ellos en Washington, en ausencia del Presidente; los viajeros le hicieron llegar un mensaje del Presidente Marcelo T. de Alvear encomendado en su salida, en Buenos Aires. En este acto celebrado en la Casa Blanca, el diplomático argentino Dr. Julio Ensú y el Presidente de la Unión Panamericana (hoy O.E.A), elogiaron el viaje de los argentinos y compararon su travesía con la gesta sanmartiniana, ya que a pesar de tener características y contenidos distintos, su objetivo era el mismo, la voluntad de unir las capitales americanas en un gesto de paz y hermandad de sus pueblos.
En Detroit se encontraron con el presidente de la General Motors Company, a quien le hicieron entrega del histórico automóvil, que fue donado al museo de la   Ciudad.
Finalmente, los hermanos Stoessel se embarcaron rumbo a su Patria, no sin antes emocionarse cuando observaron en locales, marquesinas y calles de Nueva York, la difusión de gigantescos carteles elaborados por el famoso periódico New York Sun, homenajeándolos bajo grandes titulares que decían “DOS HOMBRES Y UN AUTOMÓVIL”.

Llegaron de regreso a Coronel Suárez, lugar donde parientes y amigos los reencuentran, sumándose autoridades municipales y autoridades del General Motors. Al llegar a su Ciudad de Arroyo Corto, punto inicial del gran viaje, fueron recibidos allí también, con grandes festejos. El 19 de Junio de 1930 el homenaje prosiguió en Pigüé, organizado por la agencia Chevrolet, de Faure hermanos, compañeros ideológicos del viaje.

Fue así que se concretó el Primer Viaje de la era del automovilismo que unió Buenos Aires y Nueva York, al comando de un Chevrolet campeón modelo 1928, en un tiempo de dos años y 15 días.

Convencido de que lo antes narrado merece la aprobación de este Proyecto, solicito a mis pares me acompañen en su aprobación.